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06may2014

Tecnología, el último grito de la moda

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Computación de vestir. Se multiplican las intersecciones entre la estética y la industria tecno, desde las gafas de Google hasta piezas de joyería con inteligencia incorporada; además, cómo son las nuevas herramientas que ingresan en el taller de los orfebres
Por Uriel Bederman

 

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«Muchos de los dispositivos de la tecnología de vestir que llegan a las góndolas hoy ofrecen grandes funciones, pero no tienen en cuenta que los consumidores quieren dispositivos bellos y de vanguardia que se complementen con su estilo personal», dijo Paul Williamson, de CSR, una firma en cuyo catálogo aparece una fresca novedad: joyas inteligentes.
Lo cierto es que estos universos (moda y tecnología) exhiben vínculos cada vez más estrechos. Sirven de muestra una serie de contrataciones por parte de Apple, que durante 2013 sumó a sus filas a Paul Deneve, anteriormente CEO de la francesa Yves Saint Laurent; a Angela Arhendts, antes jefa de la marca Burberry, y al español Enrique Atienza, en cuyo currículum aparece Levi Strauss & Co.
 
La tendencia tiene nombre propio: en el norte del mapa, allí donde respiran las grandes compañías del sector, le llaman wereable technology, tecnología de vestir. Gafas, collares, pulseras, anillos e incluso ropa y zapatillas comienzan a ser dotados de inteligencia mecánica.
 
A la vista

Glass es uno de los arquetipos en esta nueva ola. Se trata de las gafas desarrolladas por Google que, entre otros usos, permiten tomar fotografías y navegar por Internet justo frente a nuestros ojos. Con comercialización prometida para este año, cuando este producto comenzó a circular en las noticias redundó una voz crítica en torno de la propuesta de Glass: «¿Por qué Google no las hace más bonitas?» Recientemente, la firma de Mountain View dibujó el ansiado gesto estético al presentar cuatro nuevos modelos de estos anteojos con diferentes marcos y formatos (incluidos anteojos de sol), novedades ideadas para los usuarios geeks y también coquetos, echando luz sobre un pedido cada día más audible en la industria de los chips: ser funcional ya no es suficiente.
 
El reloj de pulsera tradicional, cuya popularidad ha sido lapidada, en parte, por la constante presencia de los celulares en los bolsillos, es otro elemento que procura tomar el brazo tecnológico.
 
Samsung y Sony, entre otras compañías, ya lanzaron sus smartwatches al mercado, y otras, como Apple, HTC y Motorola, planean hacerlo en el corto plazo. Google presentó recientemente Android Wear, una versión de su sistema operativo móvil dedicada a este tipo de productos. Aunque existen excepciones, generalmente funcionan como una segunda pantalla para una superior, entregando alertas e incluso información, pero vinculados a un dispositivo más grande y potente.
 
Además de relojes inteligentes, el Congreso Mundial de Móviles celebrado a fines de febrero en Barcelona fue escenario de la presentación en sociedad de múltiples pulseras de naturaleza geek. Ricardo Sametband, enviado especial de LA NACION en el evento europeo, dio cuenta de productos de Sony, Huawei y Samsung, que se suman a propuestas de Nike y Adidas, todos con un mismo objetivo: monitorear la actividad física del usuario y ayudarle a mejorar sus hábitos a la hora de practicar deporte.
 
Una joyita

Uno de los productos destacados en el catálogo de la antes mencionada firma CSR es un collar diseñado en sociedad con la boutique neoyorquina Cellini, que se conecta vía Bluetooth con smartphones y tablets. Una aplicación para Android permite modificar el color de su indicador LED para concertar con el look del portador; además es compatible con el centro de notificaciones de iOS 7, el sistema operativo móvil de Apple, volviéndolo capaz de entregar al usuario alertas sobre llamadas, mensajes o correos entrantes mediante vibraciones o cambios lumínicos. Según advirtió CSR en el marco del Consumer Electronic Show (CES) 2014, la feria más relevante del calendario tecnológico, un 72% de los usuarios desea que los dispositivos wereables luzcan bien, mientras que el 67% dijo que es importante que se ajusten a su estilo personal.
 
Similar a la oferta de CSR es Memi Smart Bracelet, una pulsera cuyo objetivo es, también, brindar alertas sobre notificaciones con diversos patrones de vibraciones (incluso es posible programar avisos para recordar reuniones) y que se silencia al hacer dos toques en su superficie. También presentado en la última edición de CES, Netatmo June es un accesorio con el aspecto de un diamante que puede ser utilizado como pulsera o broche. En interacción con una aplicación que corre en iPhone, entrega al usuario información relativa a su exposición solar: si ha estado mucho tiempo, aconseja tomar un descanso y el grado conveniente de protección.
 
Zazzi, de Fashionteq, es un accesorio de moda que cuenta con una breve pantalla de tinta electrónica (similar a un e-book) en la que muestra diversas notificaciones. Shine, del fabricante Misfit Wereables, se postula como un versátil accesorio de diseño unisex (con agregados se puede utilizar como collar o pulsera), cuyo vínculo con la tecnología llega por el lado de la salud: en iOS y Android mide la actividad física de su portador, apareciendo como una opción para coquetos deportistas. La propuesta de Cuff, también para usar en el cuello o la muñeca, invita a que sea utilizado por diversos miembros de un grupo para conocer sus ubicaciones a tiempo completo desde un smartphone.
 
Más pequeños, los anillos no quedan por fuera de esta receta. Smarty Ring, además del beneficio de estar confeccionado en acero inoxidable, controla en forma remota diversas funciones del teléfono móvil. NFC Ring es otro de los actores en este creciente sector: se trata de un anillo que incluye una tecnología que funciona por proximidad, de forma similar a la que se usa para realizar ciertos pagos mediante tarjetas que se acercan a un lector. Por lo tanto, gracias al NFC, no solamente puede lucir bonito en la mano, también podría desbloquear un móvil, transferir información, realizar pagos e incluso abrir puertas.
 
En el marco de esta tendencia, a los repasados productos se añaden otros en cuyo diseño y fabricación puede participar el usuario final en forma directa. En simetría a los softwares de código abierto, se trata de joyas que pueden personalizarse para que cambien su aspecto exterior e incluso que muestren un mensaje escrito, hasta la disponibilidad general de bocetos que pueden ser materializados en impresoras especiales. Al respecto, María Carelli, representante local de la joyería contemporánea, cuenta que más allá del proceso de diseño, «la relación joyería-tecnología se piensa también en relación a procesos de trabajo, como por ejemplo resolver una pieza en las flamantes impresoras 3D», y que eludiendo el trabajo puro artesanal «el diseño pasa directamente de un programa de computadora a la impresora».
 
Voces en celeste y blanco

«Yo nado en tecnología -dice a LA NACION Adrián Pallarols, una de las figuras más relevantes de la orfebrería en la Argentina, integrante de una familia dedicada por generaciones a este arte-. Lo que hago es un gran mix entre todo lo que tiene que ver con los conocimientos más tradicionales de la platería europea del siglo XVI a la fecha, a la inclusión de cualquier método que a mí me permita generar un hecho plástico, esto es cualquier mensaje que uno pueda enviar a través de un objeto. Considero que en el siglo XXI ese objeto debe ser una cuestión que la gente pueda disfrutar, compartir, vivir a diario. Hoy la gente no toma conciencia de que lo que ve en un museo eran objetos de uso en su momento que quizá con el paso del tiempo, con el cambio de los usos y las costumbres, hoy no son aplicables a la vida diaria y necesitamos recrear en esos elementos cosas nuevas. Pero no es ni más ni menos que lo que yo propongo: que las cosas sean utilizables y que sean vivibles.»
 
Uno de los trabajos más renombrados de este artesano es el cáliz papal que en mayo de 2013 entregó en manos a Francisco, que es su amigo íntimo y consejero espiritual, según cuenta. «El boceto de ese cáliz surgió espontáneamente. Lo hice en la cocina de mi casa con un lápiz y las acuarelas de mi hija. En ese caso no disponía de mucha tecnología.»
 
No obstante, Pallarols explica que en su trabajo no descarta el uso de programas como Corel Draw! o Adobe Ilustrator. «Estos programas son maravillosos, están bien pensados, concebidos por ingenieros que se dedican a resolver algo que quizás a ellos les lleva un año, pero vos hacés un clic y tardás dos minutos. No significa que porque eso surgió de ese modo, el valor de la obra carece de sentido o es peor porque hubo un Corel de por medio. Porque en realidad el Corel es una página en blanco que no te aporta absolutamente ninguna idea. Simplemente te facilita a desarrollar un hecho creativo que si vos no lo pudiste concebir antes de abrir el programa, entonces vos no tenés nada.»
 
«Creo -dice Carelli- que hoy la tecnología va ligada al diseño. En cuanto probamos un celular con mejor diseño y además un diseño con el que nos identificamos, no queremos volver al anterior, y no justamente porque necesitemos todas las funciones del nuevo celular. Apple es un buen ejemplo: uno paga allí un diseño, no sólo la tecnología. Si compro un anillo que abre puertas, para mí no es una joya ni una pieza de arte. Un objeto tecnológico con diseño, eso sí. Para mí la conciliación entre joyería y tecnología (entendiendo a la joyería como una expresión artística) la encuentro en el proceso de trabajo, en los procesos técnicos y resolutivos, no en el objeto joya en sí.»
 
Consultado en torno de la posibilidad de incluir tecnología en las piezas que nacen de sus manos y no solamente en el proceso que conduce hacia ellas, Pallarols opina: «No he tenido la oportunidad de hacer una conjugación de algo así, pero yo soy pro a incluir, a desarrollar. Y si eso significa que la vida de cualquier persona puede ser más amena, más divertida, más agradable, o puede hacer que algo además de ser útil tenga un valor o un diferencial, el famoso valor agregado; en cuanto tenga acceso a eso trataré de ser el primero en tirar opciones y nuevas visiones para que eso sea posible. Porque estamos en el siglo XXI. Si fuera de otro modo, estaríamos volando en globo, y hoy para viajar está el avión».
 
Gracias a la miniaturización

Una de las costumbres más antiguas y distintivas de la humanidad, la de adornarnos, ahora puede integrar inteligencia, es decir, capacidad de cómputo, gracias a que los chips se han reducido drásticamente de tamaño durante los últimos 30 años.
 
Para darse una idea, una computadora portátil de 1986 pesaba 6 kilos (imposible llevarla como prenda de vestir), pero su cerebro electrónico funcionaba a una velocidad 300 veces menor que la de un smartphone, con 3000 veces menos memoria RAM. Un teléfono de 130 gramos tiene hoy 5000 veces más lugar para guardar datos que aquellas pesadas PC.
 
Fuente: http://www.lanacion.com.ar/1676313-tecnologia-el-ultimo-grito-de-la-moda

CATEGORIES tecnología tendencias

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