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22abr2015

En el largo plazo estamos todos vivos: apuntes para una nueva demografía

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¿Cómo serán los sistemas previsionales de Highlander, de los vampiros y otros seres inmortales? ¿Y los cálculos actuariales para determinar el ahorro óptimo de los caballeros jedis, que viven cientos de años? Estos casos deberían estudiarse para vislumbrar la macroeconomía del futuro si se atienen a alguna hipótesis como la del gerontólogo británico Aubrey de Grey, que asegura que en un mediano plazo se podrá evitar el envejecimiento, o al menos postergarlo por mucho tiempo. En ese mundo, la famosa frase de John Maynard Keynes: “En el largo plazo estamos todos muertos”, quedaría en duda.
Por Sebastián Campanario | Para LA NACION

 

¿La macroeconomía del futuro deberá tener en cuenta a las personas que viven para siempre?

¿La macroeconomía del futuro deberá tener en cuenta a las personas que “viven para siempre”?


 
“No me preocuparía por estas proyecciones, si son verdaderas vamos a tener cientos de años para ver qué hacemos cuando nos jubilamos”, se ríe el investigador del Cedes José María Fanelli. El profesor de la UBA y de Udesa viene siguiendo de cerca un tema que la mayoría de sus colegas subestiman, o no le asignan un rol central: el de la demografía y su impacto en la macroeconomía. La semana pasada publicó en los Estados Unidos un libro, editado por Palgrave McMillan, con las conclusiones de un estudio de tres años sobre demografía y países emergentes, Demografía asimétrica y economía global: pportunidades de crecimiento y desafíos macroeconómicos en un mundo que envejece.
 
Fanelli repasa en esta investigación las diferentes estructuras demográficas de distintos países, que son muy heterogéneas, tanto al nivel de la “foto” (su estado actual) como de la película (su dinámica). La Argentina, en este análisis comparativo, queda en una buena situación: el país se encuentra en plena “Ventana de Oportunidad Demográfica” (VOP), o disfrutando de un “bono demográfico” que alude a un país joven, con alta proporción de habitantes en edad de trabajar en relación con los niños y adultos mayores.
 
De acuerdo con la definición de las Naciones Unidas (2004), la VOP es una etapa de transición en la cual la proporción de la población que tiene menos de 15 años cae permanentemente por debajo del 30% y la de quienes tienen 65 años o más es aún relativamente baja (15% o menos). Antes de entrar en esta ventana el país es calificado como “niño”, y al sobrepasarla se llama “viejo”. La ventana de la Argentina se cerrará entre 2035 y 2038: hasta ese entonces la oferta potencial de trabajo estará en niveles elevados y alcanzará un máximo ese año de 1,88 trabajadores potenciales por cada persona dependiente.
 
Nada mal, considerando que Inglaterra clausuró su ventana en 1975, Italia en 1985 y los Estados Unidos lo harán el año que viene. Turquía y Sudáfrica la cerrarán en 2040 y 2065, respectivamente. Pero, además, la ventana de la Argentina dura abierta 40 años, diez más que la de Brasil y 15 más que la de Corea, porque la tasa de natalidad baja de manera menos abrupta que en esos países.
 
El gran desafío de los países emergentes pasa, para Fanelli, por una pregunta central: ¿cómo hacer para enriquecernos antes de llegar a viejos? Porque el “bonus demográfico” paga dividendos en términos de crecimiento, en tanto que la etapa de vejez está asociada a una restricción para el crecimiento y a turbulencias macroeconómicas. Como diría un bolero cantado por un economista, dentro de 20 años, “la puerta (o ventana, en este caso) se cerró detrás de ti, y nunca más volviste a aparecer (estabilidad macro)”.
 
La Argentina cuenta con una posición única, afirma el investigador del Cedes, porque disfruta de un “doble bonus”: además de una estructura demográfica joven, vende los productos que necesita otra economía en plena transición y alto crecimiento (China). Para aprovechar este momento son necesarias instituciones que ayuden a fomentar y canalizar el ahorro: mientras que China ahorra e invierte el 50% del PBI, a nivel local la tasa es menos de la mitad. En términos de ciclo de vida, somos un país de cuarentones que no ahorramos nada, nos gastamos hasta el último peso del ingreso y en unas décadas deberemos contentarnos con la jubilación mínima. Cubrir el déficit corriente con la plata de la Anses, explica el profesor de la UBA, es justamente lo que no hay que hacer si se atiende a este panorama.
 
El problema es que si bien “en el largo plazo podremos estar todos vivos”, en el largo plazo los funcionarios de hoy ya no estarán en el poder, con lo cual los incentivos políticos para afrontar los desafíos de “la economía del envejecimiento” son muy complejos, aquí y en todo el mundo. Por eso hay demógrafos que remarcan que los movimientos que se dan en su disciplina son tan lentos que equivalen a “ver crecer el pasto”.
 
Lo cual no quiere decir que los cambios no acarreen consecuencias gigantes. A fines de 2011 se estima que nació el bebe número 7000 millones, y desde la década del 60 la población se viene incrementando en 1000 millones de personas cada entre 10 y 15 años. Se tardó un millón de años en llegar a los primeros 1000 millones (fue para 1800, aproximadamente) y se proyecta que habrá 9300 millones en 2050. En su libro The challenging billions (Los desafiantes billones: en inglés un billón es mil millones; en castellano, un millón de millones), el economista de Harvard David Bloom sostuvo que “alimentar, abrigar, dar vivienda y proveer un entorno sustentable para toda esta masa poblacional es tal vez el mayor desafío que enfrenta hoy en día la humanidad”.
 
En los últimos 200 años la población global se multiplicó por siete, y son siete los países que en la actualidad concentran a la mitad de los habitantes: China, la India, Estados Unidos, Indonesia, Brasil, Pakistán y Nigeria. Este último país mostrará en las próximas décadas el crecimiento demográfico más espectacular: pasará de sus 162 millones de hoy a 433 millones en 2050, cuando sea el tercero del planeta por su población, luego de la India y China. Brasil, Pakistán, Bangladesh y Etiopía le seguirán a Nigeria en dinamismo: en lugares pobres, los desafíos de la superpoblación serán mayúsculos.
 
Ser una región “joven” tiene sus ventajas, y también sus dificultades. El especialista en políticas de salud e investigador principal de Cippec Federico Tobar viene analizando un tema poco abordado a nivel académico en relación con su protagonismo: el de la demografía y embarazos adolescentes en América latina. Un estudio preliminar de Tobar, aún no publicado, se titula: “Bono demográfico y embarazo adolescentes: una relación confusa”.
 
Las proyecciones de las Naciones Unidas afirman que este año habrá 4,6 millones de madres menores de 18 años, y que la tasa de fecundidad adolescente en América latina será la más alta del mundo en 2020. “El «bono demográfico» de la región es una oportunidad en la medida en que se concreten las inversiones necesarias para preparar a las nuevas generaciones y asegurar, de este modo, su mejor contribución al desarrollo”, argumenta Tobar, “de lo contrario, puede transformarse en un gran problema, en la medida que enfrentaremos una compleja situación caracterizada por amplios conjuntos de jóvenes que pueden resultar excluidos tanto de la producción como del consumo. El embarazo adolescente puede constituir un obstáculo en este sentido”.
 
El Banco Mundial calculó que el costo de oportunidad de los embarazos adolescentes varía entre el 1% del PBI en China (donde sólo se embarazan 6 de cada 1000 adolescentes) al 30% en Uganda (159 por cada 1000). No hay datos, aún, para esta problemática entre highlanders, vampiros y caballeros jedis, pero no faltarán pronto economistas intrépidos que los aborden.
 
Fuente: http://www.lanacion.com.ar/1774209-en-el-largo-plazo-estamos-todos-vivos-apuntes-para-una-nueva-demografia

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