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24mar2015

La ansiedad por mantenerse informado

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Las múltiples fuentes de información disponibles en las plataformas digitales plantea a los lectores el desafío de un seguimiento en tiempo real del incesante flujo de reportes que circulan por Internet
Por Teddy Wayne*  | The New York Times
Traducción de Gabriel Zadunaisky.

 

"In Case You Missed It": ICYMI, la sigla delata la ansiedad que domina la época de Internet.

“In Case You Missed It”: ICYMI, la sigla delata la ansiedad que domina la época de Internet.


 
Por si se lo perdió, eso es lo que significa la sigla ICYMI (In case you missed it, por si te lo perdiste). Si no la conocía seguramente se debe a que no navega la Red demasiado, y en particular Twitter, donde individuos y empresas la usan cada pocos segundos para llamar la atención sobre determinados enlaces web. Incluso The New York Times tiene una sección en su aplicación llamada “In Case You Missed It”, con artículos de días anteriores.
 
Si bien la frase ha sido usada en el lenguaje coloquial desde hace mucho, la sigla delata la ansiedad que domina la época de Internet. Hay simplemente demasiada información legible, visible y escuchable para que uno pueda mantenerse al día. Nick Mickowski en McSweeney lo sugirió lúdicamente con su pieza humorística “I’m All Caught Up!” (¡Estoy al día!).
 
“Lo logré. Estoy al día” escribió Mickowski. “Accedí a todos los shows, películas, episodios en la red, álbumes musicales, libro, comics en la red, podcast, videojuego, comentarios en Twitter, Tumblr, Instagram, Reddit AMA y editoriales que ustedes me dijeron. Ahora podemos hablar sobre ellos y no me sentiré un marginado cuando nos encontremos”.
 
En un tiempo recibíamos los medios de forma cíclica. Los diarios se publicaban una vez (o en algunos casos dos veces) al día, las revistas eran semanales o mensuales. Las noticias de la noche se difundían, bueno. cada noche. Los programas de televisión se difundían en alguna de las cadenas una noche por semana en un horario determinado y no se veían más hasta su reposición. Las películas se veían en los cines y mucho más tarde en video (hasta el advenimiento de las VCR solo se volvían a ver en retrospectivas). No había muchos intersticios, sólo unidades discretas y menor cantidad de ellas.
 
Ahora estamos en medio de la era del streaming, en la que la industria de las noticias distribuye material en ciclos de 24 horas, temporadas enteras de shows televisivos llegan al público en forma instantánea, la mayoría de las películas están disponibles en cualquier momento y el flujo de internet y los medios sociales es incesante. Es casi todo espacio interstiticial con pocas singularidades en términos comparativos.
 
Pero es la eterna recuperabilidad de cualquier cosa online lo que nos provoca pánico. Elizabeth Minkel, que tiene un master en humanidades digitales del University College de Londres, escribió un artículo para The New Statesman, en el que sostuvo que “ICYMI hace que mantenerse conectado se sienta como un constante esfuerzo por ponerse al día, y encontrar cosas a ritmo más lento exige algún tipo de justificación”.
 
“Si es trabajo de otra persona, por qué hay que decir ICYMI o disculparse diciendo: Lo siento, ¿Esto es viejo?” dijo en una entrevista. “A uno se lo premia por llegar primero, no por estar entusiasmado con algo”. (Minkel señaló que lo que se sube a Tumblr tiene vida mucho más prolongada que lo de otros medios sociales.)
 
Antes de Internet aceptábamos que lo que aparecía en los medios tenía una expectativa de vida de 24 horas: la noticia de ayer era la noticia de ayer y se acabó. Si usted era su creador se tranquilizaba con la noción de que la gente la veía cuando aparecía y seguía con otra cosa; no había alternativa.
 
Si perduraba en la conciencia del público era por su durabilidad, no por repetidos recordatorios. El contenido tenía finales y muertes finitas, no aproximaciones asintóticas y estados vegetativos de largo plazo con la resucitación como una opción permanente.
 
Los consumidores tenían alternativas similares: si uno salía el jueves por la noche en la década de 1990, se quedaba sin ver los programas más importantes de la cadena de NBC (a menos que los grabara) y pasaría un tiempo antes de que pudiera verlo nuevamente. Ayudaba el hecho de que había menos competencia de medios en las décadas pasadas y en el caso de la TV las series dramáticas eran menos complejas por lo que perderse un episodio de “Dinastía” podría no resultar tan oneroso como perderse un capítulo de “Breaking Bad”.
 
Ahora, con prácticamente todos los capítulos de un número mucho mayor de shows obtenibles en cualquier momento no hay excusa para perderse uno y por tanto hay una compulsión más urgente para ponerse al día si uno se lo perdió.
 
Hoy tanto las compañías como los individuos responsables de un trabajo son conscientes que tienen una ventana limitada de tiempo en que su contenido puede viralizarse y sobrevivir a su corta permanencia en la página original. Si no es así, como sucede por definición con casi todo, puede parecerle a los responsables que queda en un registro encriptado de la era electrónica: si un artículo sobre deforestación se publica pero nadie hace clic para acceder al mismo, ¿realmente existe?
 
De allí el ICYMI. En otros tiempos la formulación verbal completa significaba que el receptor debía ver algo de cierta importancia (una nota, un correo electrónico) y el que enviaba el mensaje le recordaba suavemente que se le había pasado.
 
Ahora el hecho mismo de que se use la sigla es un subproducto y un reconocimiento de la velocidad de la información contra la que corre el correspondiente vínculo adosado. La implicancia es que probablemente usted no lo haya visto y no lo necesite, pero el que lo envió de todos modos quiere llamarle la atención sobre el mismo. Es tanto un llamado desesperado como un anuncio. ¿Puede escuchar mi susurro en medio de estos vientos que aúllan? De hecho el ICYMI se usa a menudo como segundo o tercer intento de difundir algo (lo que sugiere que el contenido no despega por sí mismo), como medio para excusar la promoción insistente.
 
Incluso la cuenta de Twitter del presidente Obama, una de las pocas personas que puede suponer que sus acciones nunca pasan desapercibidas para el mundo, ocasionalmente usa la sigla ICYMI, especialmente para destacar logros que la Casa Blanca puede pensar que el público no valora lo suficiente, tales como el aumento del empleo y la política de seguro de salud accesible.
 
Elissa Strauss, columnista de The Week.com y contribuyente freelance de una cantidad de otras publicaciones en la red, dijo que un incentivo financiero también impulsa a los creadores de contenido en Internet que suben sus trabajos muchas veces (dijo que comúnmente twitea tres veces cada uno de sus artículos).
 
“Hay una correlación entre lo que uno gana y la cantidad de clics para acceder a su trabajo” dijo Strauss. “No se trata de algo para llamar la atención y nada más. Es el modo en que me gano la vida. En el ámbito de Internet hay que ser ruidoso e intentarlo una y otra vez y levantar la mano”.
 
Dada la prácticamente infinita accesibilidad de los medios digitales sugiere lo que Walter Benjamin llamó el “aura” única, mística de un objeto de arte en su ensayo de 1936 La obra de arte en la era de su reproductibilidad técnica, muy disminuida por las tecnologías de reproducción de su tiempo, se ve completamente erradicada por las actuales.
 
Las presentaciones en vivo pueden ser el último lugar donde se encuentra ese aura en alguna medida. Benjamin veía varios aspectos positivos de la disminución del aura. La reproducción, afirmó, nos emanciparía de toda reverencia tipo culto hacia el arte y nos volvería críticos más agudos y politizados. Pero hoy en día ya es una obviedad señalar que en eventos en vivo la gente a menudo está mirando sus teléfonos inteligentes, quizás una forma reorientada de ritual.
 
Al menos más tarde podrán probablemente encontrar un video o foto (quizás uno grabado por ellos mismos) del evento, por si se perdieron lo que sucedía en vivo al estar concentrados en el teléfono.
 
* Teddy Wayne es autor de las novelas “The Love Song of Jonny Valentine” y “Kapitoil”. Su columna, Future Tense (Tiempo Futuro), aparece mensualmente en el New York Times.
 
Fuente: http://bit.ly/1IKaGpY

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