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16jul2013

La fe y la salud

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La fe puede ser una cuestión de salud. Soportar mejor el dolor, aumentar la expectativa de vida o alcanzar mayor bienestar son algunos de los beneficios que podría tener la religiosidad, según estudios realizados durante la última década.
Por Agustina Sucri, marzo de 2013

religion-religiosidad
La reciente elección del Papa Francisco parece haber reavivado en el mundo -y en la Argentina en particular, por tratarse de un compatriota,- el sentido de la espiritualidad. La noticia de la renuncia del Papa Benedicto XVI, el proceso de cónclave y la entronización del nuevo sucesor de San Pedro fue para muchos una oportunidad para acercarse nuevamente a la religión, volver a rezar o, incluso, ir a misa. En este contexto, en el que lo espiritual aparenta haber cobrado impulso, cabe preguntarse de qué modo la fe, la oración y la vida religiosa pueden influir sobre las personas, independientemente del culto que profesen. Acerca de estas cuestiones diversos grupos de científicos han realizado sus trabajos, en especial, durante la última década.

Así, un investigación publicada en diciembre de 2009 concluía que tener una creencia religiosa ayuda a aumentar la esperanza de vida tanto como la actividad física moderada o el uso de fármacos para reducir el colesterol.

“En promedio, la persona agrega entre tres y cinco años más de vida”, indicaron los científicos del Instituto Catalán de Oncología, en Barcelona, cuyo estudio fue publicado en el Journal of the American Board of Family Medicine. “Esto no significa que el ejercicio o las medicinas puedan sustituirse por la religión”, aclararon los autores, quienes precisaron que la fe ayuda a tener menor nivel de estrés emocional, controla los síntomas de la enfermedad y mejora la adherencia al tratamiento y la calidad de vida. “Además, en general, las personas religiosas se cuidan más y tienen menos conductas de riesgo”, añadieron.

DOLOR

Por su parte, científicos de la Universidad de Oxford, en Reino Unido, comprobaron que las personas que tienen creencias religiosas pueden resistir más el dolor. El trabajo, publicado en la revista Pain, se realizó con escáneres cerebrales de personas que fueron sometidas a choques eléctricos después de mirar imágenes religiosas. Uno de los resultados fue que aunque los católicos creyentes y los agnósticos registraban niveles similares de dolor, cuando los primeros veían a la Virgen se activaba en ellos una zona del cerebro involucrada en la analgesia, que suprime las reacciones a las amenazas. Se trata de la corteza prefrontal, área relacionada con la regulación del dolor y que se encarga de otorgarle un significado neutral, incluso positivo, a una experiencia nociva, lo cual ayuda a enfrentarla más fácilmente.

BIENESTAR

En tanto, un estudio realizado en Estados Unidos por Gallup mediante 676.000 entrevistas que se efectuaron entre enero de 2010 y diciembre de 2011, reveló que las personas muy religiosas tienen un índice más alto de bienestar, en comparación con la gente moderadamente religiosa o no religiosa. Gallup definió el bienestar en base a una serie de indicadores de salud mental y física.

La investigación reflejó que las personas muy religiosas de los diferentes grupos de creencias encuestadas en Estados Unidos fueron calificadas mejor que las personas no religiosas. Los judíos muy creyentes obtuvieron la escala más alta del estudio con una puntuación de 72.4. Los mormones muy religiosos terminaron en segundo lugar con una puntuación muy cercana con 71.5. En comparación, los judíos moderados y no religiosos tuvieron una calificación percentil de 68, mientras que los mormones poco o nada religiosos tuvieron una calificación de 63.

Aunque la diferencia entre la calificación más alta sólo fue de siete puntos, las personas que se identificaron como no religiosas, ateas o agnósticas, terminaron con la puntuación más baja con 65.8 puntos. En esa misma línea, el doctor Harold Koenig del Centro para la Espiritualidad, la Teología y la Salud de la Universidad Duke, en Estados Unidos, afirmó que “la religión ayuda a proporcionar un sentido de esperanza, paz y bienestar, que, a su vez, puede reducir las hormonas estresantes que dañan la salud”.

ADICCIONES

La prevención de las adicciones podría ser otra de las ventajas relacionadas con la religiosidad de las personas.
Según un estudio publicado en octubre de 2008 en el Journal of Drug Issues, “los jóvenes con firmes creencias religiosas son menos proclives al consumo de drogas o de alcohol que los que no tienen esas creencias”.

Otra investigación anterior de la Universidad de Columbia -publicada en 2002- llegó a conclusiones similares, al demostrar que ser una persona religiosa puede ayudar a evitar problemas con el alcohol y las drogas. El trabajo, llevado a cabo por el Centro Nacional para la Adicción y el Abuso de Sustancias, dependiente de esa universidad, detectó una mayor tendencia a evitar las drogas y el alcohol tanto en las personas que asisten regularmente al templo o iglesia como en las personas que consideran importante para ellas la fe religiosa -frecuenten regularmente o no algún culto religioso-.

“El informe muestra claramente la relación pero no dice que la fe sea directamente o la única razón para evitar el abuso del alcohol y las drogas. Necesitamos mucha más investigación para entender las causas”, aclaró la directora del estudio, Susan Foster. No obstante, la investigación mostró que los adultos que nunca asistieron a servicios religiosos corren cinco veces más riesgo de caer en el uso de drogas ilegales como la marihuana, y cerca de siete veces más riesgo de sufrir una adicción a la bebida, que aquellas personas que asisten a servicios religiosos cada semana.

Entre los adolescentes, los que nunca asistieron a un servicio religioso corren el doble de riesgo de caer en el alcoholismo y en el tabaco que aquellos que asisten con regularidad. El estudio sostuvo que la religión podría tener un impacto positivo por su doctrina específica en contra de las drogas y el alcohol, porque otorga “un sentido de aceptación y pertenencia” o porque la fe “llena una necesidad que hace innecesaria la ingestión de una sustancia o da confianza de cara al futuro”.

FELICIDAD

La relación entre la práctica religiosa y la felicidad también fue objeto de estudio. A partir de una muestra de 100.000 casos, una investigación realizada a lo largo de varios años por la Universidad de Navarra puso de manifiesto que las personas que manifiestan profesar una religión son más felices que las que no tienen religión alguna y que los niveles superiores de felicidad se producen entre los practicantes de las confesiones cristianas, católica y protestante.

“Los que se pronuncian como “no religiosos” muestran un nivel de felicidad parejo al de quienes están en mitad de la escala de la religiosidad”, aseguraron los investigadores, quienes añadieron que la asistencia a los servicios religiosos diarios produce un grado de felicidad mucho mayor que el de quienes no acuden jamás a ninguno, y que las personas que rezan todos los días alcanzan mayor felicidad que las que no rezan nunca.

ALZHEIMER Y DIVORCIO

Los efectos de la vida espiritual se han medido también en pacientes con enfermedades neurodegenerativas. Tras efectuar un análisis de 68 personas de entre 49 y 94 años, el doctor Yakir Kaufman, director de Neurología en el Sarah Herzog Memorial Hospital de Jerusalén, concluyó: “Hemos aprendido que los pacientes con Alzheimer con un nivel alto de espiritualidad o un nivel alto de religiosidad pueden tener una progresión significativamente más lenta en el deterioro cognitivo”.

Sin embargo, el profesor de radiología de la Universidad de Pennsylvania, Andrew Newberg, puso en duda la exactitud de los resultados al afirmar: “Ultimamente se ha convertido en una de las grandes cuestiones si los investigadores pueden diferenciar los efectos positivos de la espiritualidad de los de otras actividades”.

En cuanto a la influencia de la religiosidad de las personas en su vida conyugal, un trabajo de la Universidad de Virginia, en Estados Unidos, dirigido por Bradford Wilcox, demostró que “as parejas que acuden regularmente a los actos religiosos tienen un 35 % menos de probabilidades de divorciarse” y que “un 65 % de estas personas son más afectuosos con sus hijos que la media”.

REZO POR VOS

Otras líneas de investigación buscaron definir de qué modo la oración es capaz de incidir sobre el estado de salud de las personas. Tal fue el caso del trabajo realizado por el Departamento de Estudios Religiosos de la Universidad de Indiana, en Bloomington, Estados Unidos. Los científicos demostraron que los pacientes presentan “mejoras sorprendentes” si se reza por ellos y que la efectividad de la oración es proporcional a la cercanía del paciente.

Luego de analizar a 14 personas con discapacidades auditivas y a otros 11 con problemas de visión, se observó una mejoría en sus deficiencias tras haber recibido una oración de intercesión cercana. Así, dos personas con problemas de oído mejoraron su audición, mientras que otros tres pacientes mejoraron sus dioptrías. El autor del trabajo, Candy Gunther Brown, explicó que una anciana que era incapaz de contar los dedos de una mano en alto logró hacerlo tras recibir un prolongado abrazo al mismo tiempo que rezaban por ella.

Los resultados mostraron grandes mejoras en pacientes de zonas rurales de Mozambique, donde los anteojos y audífonos son más inaccesibles. En este país tienen una fuerte presencia la iglesia pentecostal, un movimiento evangélico derivado del protestantismo, cuyos fieles acostumbran a rezar por las curaciones de sus allegados. Su grado de motivación es tal que han llegado a crear grupos de oración especializados para cada tipo de enfermedad. “El rezo puede ser terapéuticamente beneficioso, sobre todo cuando los tratamientos médicos convencionales son insuficientes o inaccesibles”, enfatizó Brown.

Un estudio previo, publicado por el British Medical Journal el 22 de diciembre de 2001, corroboró el efecto positivo de la oración. El profesor Leonard Leibovici del Rabin Medical Center realizó un experimento para medir los efectos remotos y retroactivos de la oración de intercesión en pacientes con afecciones sanguíneas. De acuerdo con Leibovici, la principal novedad de este estudio es que muestra los efectos positivos de la oración incluso cuando la intervención ha tenido lugar de cuatro a diez años después de la infección. De hecho, todos los 3.393 pacientes sobre los que se desarrolló el estudio fueron tratados durante el período 1990-1996.

Hasta julio del 2000 los pacientes habían sido divididos al azar en dos grupos, un grupo de control y un grupo de intervención. La oración de intercesión remota y retroactiva se aplicó por el bienestar y total recuperación del grupo de intervención. En la investigación se compararon tres factores: el número de muertes en el hospital; la duración de la estancia en el hospital desde el día del primer cultivo sanguíneo positivo hasta el alta o la muerte; y la duración de la fiebre. El resultado fue que la mortalidad alcanzó el 28,1% en el grupo de intervención (por el cual se rezó) y el 30,2% en el grupo de control. Además, la estancia en el hospital y la duración de la fiebre resultó significativamente más corta en el grupo de intervención que en el grupo de control.

Fuente: http://www.laprensa.com.ar/CienciaSalud/404420-La-fe-puede-ser-una-cuestion-de-salud.note.aspx

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